Albariño, sentimiento gallego en estado puro.

Redacción
30 marzo, 2011
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Por más que muchos se empeñen en compararla con otros lugares, Galicia es única e irrepetible. Las cuatro provincias gallegas comparten el encanto mágico del agua que da la forma a abruptos cañones y acantilados, la serenidad de frondosos bosques centenarios y por supuesto, una riqueza gastronómica que trasciende más allá de sus fronteras.

Él susurro gallego llega cada vez más lejos y con más fuerza y el vino es uno de sus grandes embajadores. Todas las denominaciones de origen, Monterrei, Rías Baixas, Ribeira Sacra, Ribeiro y Valdeorras embotellan caldos con la capacidad de sorprender y deleitar incluso a los más exigentes amantes del vino, pero es él Albariño, de la Denominación de Origen Rías Baixas, el buque insignia de la industria vitivinícola gallega.

La Denominación de Origen Rías Baixas comprende cinco subzonas de las provincias de Pontevedra y A Coruña en las que se cultivan alrededor de 4000 hectáreas de viñedo: Valle do Salnés, donde se concentra la mayor parte del mismo, Condado de Tea, O Rosal, Soutomaior y Ribeira do Ulla.  La variedad predominante es Albariño, que representa el 96% de la producción total y cuyo lo vino monovarietal está catalogado como uno de los mejores blancos del mundo. El resto de la producción incorpora en su composición otras variedades de uva como  Loureira en él caso de los vinos de O Rosal,  o Treixadura en los  del Condado de Tea.  Son estos, vinos de de gran elegancia, intensos aromas y ligera acidez, plenos en la boca, agradables y sumamente atractivos. Una nueva generación de bodegas está dándole al Albariño el lugar que merece en el Olimpo de los mejores los vinos blancos del mundo. Así, tal como suena.

Amor a primer trago

Es difícil resistirse, los guiños del Albariño. Siempre sugestivo, atrae a todo tipo de bebedores y aunque es cierto que algunos  vinos son mejores que otros, puedo asegurar honestamente que jamás probé un Albariño malo. Desde los los vinos nuevos, de marcado carácter afrutado y ácido, hasta los más maduros, serios, con un carácter bien definido.

Su sabor y textura conjugan a la perfección la vibrante y refrescante acidez y aromas cítricos de un Riesling con los aromas afrutados de uno Pinot Grigio.

Como mencioné anteriormente el Albariño armoniza la la perfección con pescados y mariscos,   pero desde su llegada a Estados Unidos el  vino de las Rías Baixas ha establecido  una curiosa relación con lanas comidas picantes.

Definitivamente, no tienes nada parecido a un Albariño. Sí aún en el lo probaste hazte un favor y  date él gusto.